30 mar. 2010

Ángeles sobre el Piano


- ¡Dímelo! – le grité sin la verdadera intención de hacerlo. – Necesito saber – dije ya con la garganta apretada conteniendo las lágrimas. Se mantuvo en silencio por varios segundos. Ausente. Sin tomar aire, comenzó a hablar.


"...No recuerdo donde estaba. Pero estaba sentado en una mesa pequeña, adornada por una vela apagada. Había otras personas, parejas, en otras mesas con velas encendidas. Compartían, bebían y reían. Vivían. Parecían Felices. No sabía que hacía en ese lugar, ni como había llegado. Encendí un cigarrillo. Frente a mi había un vaso con lo que supuse era whisky y un par de hielos flotando en la superficie. Lo bebí de un trago. No pensaba en nada. Estaba esta mujer, 40 años aprox., de cabello rubio, labios delgados, bastante atractiva. Era un lugar pequeño. Estaba en ese ínfimo escenario tocando un piano electrónico. De pie junto a ella, una mujer más joven de rasgos orientales tocaba el violín, acompañándola. No escuchaba la música, las veía interpretar lo que parecía una pieza delicada y melancólica, una pieza de belleza pocas veces escuchada. Y no podía sentirla. Estaba sordo. Sólo percibía el movimiento de sus manos, la expresión en sus rostros, el latir de su corazón, las venas en su frente. Música de ángeles... de ángeles que volaban sobre el piano, por todo el escenario.
Traté de encender la vela... no pude hacerlo.
El tipo que se sentó junto a mí olía a mierda.. a mierda y azufre. No quise mirarlo. El tampoco tenía intenciones que así fuera. Sólo depositó un sobre frente a mis ojos y se levantó. Las fosas nasales me ardían por el olor. Dentro del sobre, lo usual. Indicaciones. Fotos. Fotos de un ángel. Algo sucedió, era distinta, algo había en ella. Algo que no podría describir. Guardé el sobre y los papeles en el bolsillo de mi chaqueta, pedí la cuenta. Ya estaba pagada. Me paré de la mesa y salí al frio de la noche... los ángeles aún volaban sobre el piano, pero volaban muy lejos de mí..."


- Traté de ver su rostro al pronunciar esas palabras, pero la oscuridad había velado sus facciones.

26 mar. 2010

Sol de Domingo

- Estás en shock - dijo finalmente con voz neutra luego de observarme por un rato. No había emoción alguna en su tono de voz, como si estuviera recitando un artículo de memoria para un examen oral en una sala sin audiencia. – Trata de calmarte o te vas a desmayar. –

Desvió su mirada hacia el ventanal que da al balcón, cuyos vidrios quebrados estaban repartidos como astillas por toda la habitación. El sol de domingo ya había empezado a salir y se alzaba desafiante en el cielo oscurecido del invierno. Durante la noche había llovido y la ciudad húmeda poco a poco despertaba expeliendo aromas de amanecer que se colaban por los ventanales destrozados de la habitación junto con el cantar de algunos pájaros. Se movió de su posición y se sentó en un rincón apoyando su espalda contra la pared con sus rodillas flectadas contra el pecho. Abrazó sus piernas y escondió su cabeza que aún sangraba.

- Necesito un trago y un cigarri... - le alcancé a escuchar antes de que la puerta de entrada se partiera en tres y cayera estrepitosamente al suelo, levantando una gruesa nube de polvo.

3 mar. 2010

Catástrofe


Sólo un par de líneas
y temer lo peor ya pasó
en que la tierra se abrió
y toda esperanza se tragó.

La noche se iluminó
y nos cegó la oscuridad
cuando el mar rugió
y con la luna de testigo
muchas vidas se comió.

Cual fiera y enemigo
la naturaleza con sus garras
no demuestra piedad
cuando el hombre construye
casa, pueblo o ciudad.

Más, la fe humana
no importa si está hecho trizas
hijo del fuego y el dolor
se ha de levantar
desde el fondo de las cenizas.

A todas las víctimas del trágico terremoto y maremoto que devastó varias ciudades de mi Chile. Por mi parte, estoy bien, al igual que mi familia. Besitos y pronto estaré de vuelta con ánimos renovados. ¡Arriba Chile!.

La Veru.